La Copa del Rey regresaba a Valencia después de 23 años y estrenaba el Roig Arena como sede. Pero la experiencia no podía terminar en las puertas del pabellón: durante cuatro días había que dar vida al espacio exterior que conectaba el Roig Arena con La Fonteta y convertirlo en punto de encuentro para aficionados de distintos equipos, público local, clubes y marcas.
El desafío de producción estaba en hacer convivir todos esos usos en un mismo lugar. La Fan Zone debía estar preparada para recibir visitantes, mantener una programación activa cada jornada y acompañar el ritmo cambiante de la competición, desde las horas previas a los partidos hasta el encuentro de aficiones.